8/8/12

“Apego a la Torre”

El vacío que ha dejado la torre nos enfría el alma.
Muchos no pueden descansar ni comer.
- No siento nada – Me contó anoche Estefanía – Desde que se fue la torre no tengo ningún motivo para vivir.
La desesperación de algunos se está tornando en preocupante.
- Mi razón de existir estaba dentro de ese lugar… sin ella… nada tiene sentido… no quiero seguir así – Explotó Manuel.
Jeno ha reunido a un pequeño grupo de maestros y maestras, para ver qué hacer. Me ha dicho que yo también esté presente:
- Tienes una conexión casi mágica con Lorenzo… por lo menos la tuviste en el pasado… necesitamos que sueñes con él… necesitamos que te comuniques… - Jeno ha dejado de dormir y sus grandes ojeras delatan su malestar diurno.
- No sé si podré hacerlo – Le he dicho – Lo intenté hace unos días, sin éxito. Tal vez si nos juntáramos un grupo… sería más sencillo.
Jeno no está convencido de mis palabras. Dice que no es necesario que impliquemos a más gente. Que yo sola soy capaz…
No sé… las dudas de por qué está pasando esto, me asaltan todas las mañanas.
Mi primo Josué no ha dado señales de vida. Tan solo un pequeño halcón, ha venido a vernos… Todos piensan que lo ha mandado Jota.
- Tiene que ser de ella – Me dijo Teresa – Seguro que han recibido las noticias de la desaparición de la torre…
- ¿Y si ellos también se han evaporado? – Pregunté – No sabemos cuál es la realidad…
Teresa me miró de soslayo y con miedo en sus ojos:
- No digas eso… Nada podría ser peor que lo que dices…
Los ánimos están cada día más y más bajos.
Me he dado cuenta de que a mí, la desaparición de la torre no me afecta como a los demás… parece que no tenía ese vínculo casi enfermizo con ese lugar…
Comprendo a todos y cada uno de los que lo están pasando mal… pero no entiendo que no actúen para solventar el problema. Tan solo se quejan o lloran o se convierten en muertos vivientes…
El niño sabio, Pablo, es el único que por ahora me ha dado algunas soluciones. También me ha comentado que en su época, se trataba el apego a la torre con algunas técnicas.
- Se volvían como locos – Me ha dicho – Nada de lo que hacíamos para ayudarles parecía hacerlo… hasta que llegó él.
Pablo señaló a Jeno:
- Él tiene las respuestas que no sé darte… - Dijo en tono misterioso, mientras lo apuntaba con uno de sus pequeños dedos.
- Pero… Si está asustado… No sabe qué hacer – Respondí asombrada de sus palabras.
- Lo sé – Apuntó – Por eso tenemos que ayudarle a recordar… lo haremos juntos.
Y en eso hemos quedado. Espero que la situación sin la torre, sea más llevadera…
Hasta pronto.

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