29/8/12

“Atadas”


No sé en qué momento me di cuenta del error de nuestras mentes… tal vez fue cuando escuché a Pablo ratificarse en las dudas hacía Mina:

- Es una niña difícil y peligrosa – Dijo – Yo no me fio de ella y el resto debéis de hacernos caso a Darío y a mí.

La mayoría de los que estábamos en aquella explanada cercana a donde había estado la torre, agachamos la cabeza y creímos a ese niño sabio, que tantos problemas había resuelto.

- ¡Si no hacemos algo con ella, algo muy grave pasará! – Aquella afirmación me sacó de mi ensueño.

Pablo siempre fue prudente y muy empático. Era un chico que sabía manejar todas las situaciones, aunque fueran difíciles o tuvieran como protagonista a un loco.

- Pablo – Le dije – No entiendo qué te pasa.

El niño arrugó la frente.

- No sé a qué te refieres, Serena – La tranquilidad del chico estaba comenzando a desaparecer.

- Me refiero a que no te reconozco… Tú nunca has sido cruel ni con una mosca.

Pablo abrió mucho los ojos y se acercó a Darío para susurrarle en el oído.

Darío al escuchar al niño sabio, reaccionó:

- Está bien – Señaló – Serena quiere acompañar en su suerte a la pequeña Mina.

Intenté salir de aquella situación, dirigiéndome hacia el bosque.

- Tú no te mueves de aquí – Pablo y Darío me taparon el paso – Si la niña es responsable de lo que está ocurriendo y tú la defiendes, es que eres como ella… Lo tuvimos claro desde que te vimos – Pablo no parecía el niño de siempre – Así que… lo podemos hacer por las buenas – Hizo un silencio.

- O por las malas – Darío terminó la frase de mi amigo, mientras me cogía de mi mano derecha.

Escuché gritar a Mina, que la tenían atada a un árbol.

- No me ayudes – Dijo – No es importante. Tienes que seguir con los demás… sino… todo estará perdido.

La niña, que hasta ahora, había permanecido alegre y risueña, se vino abajo.

Darío y Pablo, me acompañaron al árbol para atarme al lado de Mina.

- Y no se te ocurra abrir la boca – Me amenazó Darío – Tenemos que pensar cuál es el siguiente paso… y con tu voz quejica e insoportable, no podemos…

Mina me sonrió.

- No te preocupes… - Me tranquilizó – La tormenta del miedo, ya mismo se marchará… y el resto de los estudiantes y maestros, se darán cuenta del engaño…

Miré a la niña, con ganas de que me contara cual era esa mentira… y como había hecho para no verse afectada por ella…

No me hizo falta abrir la boca. Mina continuó hablando:

- Esos niños no son Darío y Pablo… - Dijo misteriosa – Lo sé, porque son mis amigos y nunca me harían lo que están haciendo.

Quise preguntar quienes eran, cuando Darío me dio un golpe en la cabeza, mientras gritaba que me callara.

Perdí el conocimiento.

Acabo de despertar…

Os seguiré contado.

Hasta luego.



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