1/8/12

“Sin La Torre”



La torre ha desaparecido.

Una fuerte luz blanca la absorbió anoche.

No fue una buena idea abandonar la torre. O tal vez sí…

Ahora mismo el paisaje que tenemos delante de nosotros, es desolador.

Donde antaño estuvo la mágica torre, ahora solo hay un circulo yermo, rodeado de maleza.

Lorenzo también ha desaparecido…

Somos muchos los que permanecíamos fuera. Cada vez se nos sumaban más habitantes. Y ahora… no sabemos cómo actuar.

Jeno ha decidido enviar un ave mensajera a mi primo:

- Es el maestro más preparado después de Lorenzo. Tiene que regresar y ayudarnos.

- Pero – Le dije a Jeno – Tú eres igual de sabio. Tú tienes que saber que hacer… ¿Verdad? – Pregunté cambiando el tono de voz. Mis ojos se llenaron de lágrimas.

- No… No sé qué hacer, Serena – Un grupo de chicos nos escuchaba desde hacía rato – Aunque tenga muchas vidas, aunque crea saber mucho, no sé nada… necesitamos a Josué.

Los niños que nos miraban, comenzaron a cantar muy fuerte.

- Todo estaba predicho – Dijo el más pequeño – La torre absorbió su ira y se fue al pasado más hiriente.

Como si estuviera poseído por cien mil almas, el pequeño comenzó a tatarear una canción que solía silbar el Maestro Lorenzo.

- ¿Maestro? – Pregunté al niño - ¿Eres tú?

El chico no se inmutó ante mis preguntas, y continuó cantando junto a los demás.

Jeno me miró sorprendido:

- Creo que sí era Lorenzo – Dijo – La torre ha viajado en el tiempo y en el espacio. Es un fenómeno muy raro, puesto que ahora en alguna parte, dos torres comparten lugar…

Pablo, el niño sabio, se acercó a nosotros, que permanecíamos de pie, impávidos…

- Yo no creo que haya pasado eso – Anotó con aire de persona mayor.

- ¿Ah, no? – Le respondió Jeno - ¿Y cómo explicas que la torre ya no esté?

El niño dirigió la mirada hacía mí:

- Serena – Comenzó – Creo que los que hemos viajado en el tiempo, hemos sido nosotros… los que no estábamos dentro de la torre…

- Sí… Claro – Dijo Jeno a regañadientes – Eso no es posible.

- Si lo es – Le dije – Puede ser que estemos en un tiempo en que la torre aún no existía… piénsalo…

Jeno y Pablo se quedaron pensativos. Sus miradas estaban pérdidas y sus cuerpos lánguidos.

- La única forma que tenemos de sobrevivir sin cobijo, es movernos – Gritó una de las maestras de “Artes Físicas” – Así que… ¿Quién está conmigo?

Desde que hizo aquella pregunta, los habitantes de la torre nos hemos dividido. Algunos se van con Luna… Otros permanecen con nosotros, esperando noticias de Josué.

Esperemos que las condiciones climatológicas, sean amables con nosotros…

Hasta pronto.


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