19/9/12

“El Pasadizo Secreto”

Todo ocurrió en aquel momento mágico. Las luces de la torre, se apagaron de repente. Un silbido de alguien conocido, me atrajo hacía ese lugar misterioso.

Vi como una trampilla se abría a mis pasos.

Las escaleras que bajaban eran de forma de caracol.
Me agarré a una de las barandas y comencé a sumergirme en aquel extraño lugar.

No se escuchaba nada. Tan solo el silencio y el grujir de las antorchas que rodeaban algunas partes de la bajada.

No tenía miedo. Por eso continué mi camino.

A los pocos minutos me di cuenta de que aquello no podía ser real.

“Tal vez solo sea un sueño”, pensé.

Como si mi mente tuviera el poder de modificar lo que estaba pasando, una potente luz blanca me envolvió, y creo que escuché:

- Las personas no son cosas. El pasadizo secreto no es tan oculto como nos hacen creer. Lo has encontrado, porque era el momento. Disfruta de la vista.

La luz desapareció. En su lugar un amplio jardín repleto de flores y de arbustos, me daba la bienvenida.

Me adentré en aquel paraje.

“Recuerdo haber estado aquí”, me dije.

En mis sueños reales de niña, casi siempre soñaba con un escenario como ese. Sabía perfectamente donde estaba todo. Y recordé como me sentía cuando lo soñaba…

Pensaba que era un hombre adulto…

Ese sitio, era mi escondite y el lugar que había elegido para prepararme para mi próxima muerte y renacimiento.

Me tocaba mi cabeza sin pelo. Eso me relajaba y me ofrecía la oportunidad de pensar.

Debajo del gran árbol, había muchas otras personas sentadas.

No nos mirábamos. Es como si no estuviéramos todos en el mismo espacio y tiempo. O eso entendí.

Aquella zona apartada, no era más que el paso hacía la siguiente vida. Algunos eran conscientes del viaje y tenían posibilidades de elegir su destino. Otros, tan solo se limitaban a balancearse de un lado a otro, esperando su suerte.

Yo elegí a Serena. Me pareció una vida llena de experiencias por vivir y de conocimientos que ofrecer.

Todo lo que ese hombre sabía, seguía latente en esa pequeña, abandonada en la posada.

Sus ojos no eran sus ojos. Eran los de ese hombre. Su mirada denotaba que había vivido mucho y muchas vidas.

Sonreí.

A pesar de que me desperté en mi dormitorio, supe que no había sido un sueño.

Aquel pasadizo secreto me encontró y yo lo seguí cuando aún estaba despierta. Por eso lo encontré… porque estaba despierta.

El canto de los madrugadores pájaros me hizo caer en un deseado letargo.

Hasta pronto.


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