30/5/12

“En el Infierno”


Ocultos tras la maleza, un grupo de personas disfrazadas con los colores de la naturaleza, avanzaban sin descanso:

- ¡Que nadie se pare! – Gritaba el que iba en primer lugar – No hay tiempo que perder. Si no conseguimos llegar antes que los otros, las esperanzas estarán perdidas.

La historia parece de otra época, pero no ocurrió hace mucho tiempo.

Lorenzo me la contó hace unas horas.

- Serena… - Me dijo – Las injusticias humanas han existido siempre. Y aún lo hacen…

Mientras hablaba, sostenía un vaso lleno.

- Sabes que yo no suelo beber – Continuó – Que las destilaciones no me sientan bien… pero creo necesitarlo.

¿Un hombre sabio, diciendo que necesitaba una droga? No podía dar crédito.

- Pero Maestro – Le dije – Nadie como tú sabe lo malo que es eso… ¿Qué está pasando?

- Yo conocía al chico encerrado desde hace tiempo – Me confesó – Cuando llegó a la torre, todos deseamos que no fuera quién parecía ser…

- Pero si es, ¿no? – Pregunté.

- Es algo más que eso – Dijo – Es una especie de reencarnación del mal…

- Hablas como en las épocas de los antepasados – Me puse muy cerca de é, y lo miré a la cara – No es coherente nada de lo que dices…

Lorenzo agachó la cabeza.

- Lo sé. Pero es así. Hace años que sabía que esto podría pasar…. Y a pesar de todo, no he hecho nada…

- Aquellas personas… las del relato… ¿De qué huían? – Quise saber.

- Del infierno – El Maestro, parecía loco – En realidad… ya estaban en él.

- ¿Quién eran los otros? – Seguí indagando.

- Los otros… - Comenzó – Algunos dirían que ellos mismos… pero sí… algo así… eran personas iguales que ellos, que deseaban lo mismo que ellos y que no querían sufrir… y sin embargo…

- ¿Sin embargo? – Pregunté para que siguiera con la historia.

- Sin embargo se hacían daño entre ellos… sin apenas remordimientos… estaban perdidos y vivían con dolor…

- Tú… - Titubeé - ¿Tú viviste en ese momento?

Lorenzo cerró los ojos.

- Había que matar a los otros… teníamos que hacerlo, sino queríamos morir… éramos inofensivos sin armas, pero por aquel entonces, había individuos que se encargaban de hacerlas y proporcionárnoslas…

- ¿Por qué nunca me lo has contado? – Le pregunté, mientras le acariciaba el brazo.

- Nadie puede saber lo duro que es una guerra… nadie en esta realidad… en esta época… Yo he tenido que viajar en el tiempo y en el espacio más de lo que hubiera deseado… pero así es… y ahora… Sebas está entre nosotros…

El anciano Maestro parecía agotado.

- No te preocupes – Le dije – Nadie tiene la culpa de eso…

Le quité el vaso de la mano y le acompañé a la cama.

- Tienes que descansar – Le dije como si fuera su madre – Mañana me seguirás contando.

Lorenzo me hizo caso y aún sigue dormido…. O eso espero.

Os seguiré contando.

Hasta pronto.



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23/5/12

“Jugando con Fuego”


Los acontecimientos de los últimos días, me han inmovilizado.

He llegado a pensar que comprendía al amigo de Jota.

- Las palabras son armas arrojadizas que todos usamos – Me advirtió el chico – No son menos importantes que las que matan…

Hace años que las épocas se fusionaron, gracias a los viajes en el tiempo y en el espacio. Sebas me contó, que estuvo muchas semanas, viviendo en una era llena de personas que morían de hambre…

- De hambre – Dijo entusiasmado – Morían a cientos, a miles, cada día… y lo mejor de todo, es que había muchas personas que lo sabían…

- Personas sin corazón – Señalé.

- Ni mucho menos… eran como tú. Seres sin remordimientos y con una especie de halo de ayuda, que les hacía algo ignorantes…

- ¿Ignorantes? ¿Halo de ayuda?...

No tenía que haber preguntado aquello, pero las palabras no quisieron seguir en mi boca.

- Tú. Tan precavida. Tan astuta y sin embargo tan sumamente tonta - Dijo.

No podía dejar que me siguiera insultando.

- No soy como tú dices – Apreté los dientes.

- Sí que lo eres… Sino… ¿Por qué luchas en defender lo que no se puede defender?

- La vida es lo primero… - Dije, escuchando cada letra que decía.

- Lo suponía – Me rebatió – Eres una lunática. Alguna vez… - Comenzó a preguntar - ¿Alguna vez, te has parado a pensar que no eres tú realmente la que piensa así?

- No – Mentí.

- Tú eres algo más que unas bonitas palabras o un bello rostro. Tu amiga Jota te quiere y por eso nunca te ha dicho que cansas… todo tú, cansa…

No quise mirarlo mucho más tiempo y decidí terminar allí el encuentro.

- El encierro no será lo mismo – Dijo Sebas – Si no vienes a verme de vez en cuando…

Asentí.

- No creo que lo haga…

- Lo sé… Eres demasiado orgullosa y te da demasiado miedo darte cuenta de que tus pensamientos son algo impuesto…

Me fui…

Jota me lo había dicho:

- No le escuches… Las personas “endemoniadas” no tienen escrúpulos, e intentará herirte… no le dejes.

- No creo en los demonios – Le dije – Tan solo en los hombres… y este es solo un hombre…

Creo que Jota me miró al decir aquello, pero tan solo escuché una especie de áspera tos.

El chico no sabe que está jugando con fuego. O tal vez sea yo, la que lo está haciendo.

Hasta luego.



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16/5/12

“Endemoniado”

Y me encontré atrapada en aquella sala azul… atemorizada ante la crueldad de los hombres. Aquellos que eran capaces de los mejor y de lo peor. De dar a los que más lo necesitan el apoyo y la vida, y de quitarla en los momentos más extremos…

Quise comprender las palabras de Sebas, pero se me escaparon de las manos… El chico joven y guapo que había conocido unos días antes, ya no existía… era una especie de muerto viviente, que solo se justificaba ante mí y ante todos.

- Mi espíritu es guerrero – Me dijo - Por la lucha sigo aquí. Es mi razón de ser… Sin la guerra no crecemos… no somos nadie.

Parecía creerse lo que decía.

- Y las armas son tan bellas… tan llenas de vida y de historia… la guerra es mágica. Es maravillosa.

Sí. Había dicho que la guerra era maravillosa. Sus palabras se confundían con el ruido de la tormenta, que hacía horas nos ahogaba en la torre.

- Si no quieres sufrir tienes que ser peor que ellos. Tienes que hacer que muerdan sus propias trampas… Yo soy fuerte y creo en mí…

Su rostro, era cada vez más y más pesado y lleno de arrugas.

- Alguna vez, te preguntarás que habría sucedido si no hubieras luchado… y entonces… te arrepentirás de no haberlo hecho…

Parecía loco… y yo estaba comenzando a cansarme de sus palabras.

Jota llegó a mi rescate:

- Serena… no puedes seguir aquí. Los maestros van a venir a llevarse a Sebas a su encierro… dicen que es un peligro para todos…

Mi amiga parecía tranquila.

- Curioso – Gritó el chico – La joven y apurada Jota, llevándose a la espectacular Serena de mi vista… No seas aguafiestas…

El tono rojo de la piel de Sebas, comenzó a darnos miedo.

- Solo falta que os quitéis la ropa y os vengáis a mi lado… yo sabré daros el apoyo que necesitáis…

- Hace años – Me susurró Jota – A esta persona la habrían tratado como un poseído por las fuerzas oscuras…

- El demonio no existe – Gritó el joven anciano – Es una invención más de los hombres que no quieren reconocer la maldad de los seres humanos…

Su risa nos heló el cuerpo.

- Quiero irme de aquí – Le rogué a mi amiga.

Jota me agarró fuerte del brazo y me llevó al pasillo.

- No te preocupes… Jeno, Josué y Lorenzo están de camino. Cierra la puerta – Me advirtió.

Y así lo hice. Ahora me surge la duda…

¿Qué habría pasado si no me hubiera ido de la sala? ¿Y si hubiera terminado pensando como Sebas?...
Volveré a verlo a su encierro… pero con mis amigos…

Hasta luego.


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8/5/12

“El antepasado vivo”

- Y entonces las nubes se pusieron rojas como la sangre.

Las palabras salían despacio de la boca de aquel joven.

- Mis padres me contaron como sus antepasados, continuaron en la duda durante siglos. Nadie pudo atrapar a los responsables de la catástrofe. Parece que hubo una especie de acuerdo entre todos… “Hay ciertas cosas de las que mejor no hablar”… Me decían…

Sus ojos azules contrastaban con la iluminación de la sala añil en la que nos encontrábamos desde hacía ya cuatro horas.

- Cuando mi primo me dijo que eras uno de los supervivientes, no podía creerlo… - Le dije – He oído tantas historias de personas que conocen o que creen conocer a otros que lo vivieron…

Sebastián se quedó en silencio.

- Lo sé… Yo tampoco podía entender porque Josué me había obligado a quedarme en la torre… ya lo comprendo…

Su tono condescendiente, dejaba asomar un hilo de rabia en sus gestos.

- Si yo llego a saber que mis antepasados fueron los iniciadores de la catástrofe del Norte… No sé cómo puedo seguir vivo y sin remordimientos…

- Tú no tienes la culpa de nada – Le consolé – Cuando las fuerzas de unos cuantos sin conciencia, se unen… es difícil que no te arrastren y te ahoguen con sus espuelas de metal…

Sebas me miró.

- He conocido gente como tú otras veces – Me dijo – No queréis dejar pasar la oportunidad de comprender algo que es incomprensible…

- Tienes razón… Pero necesito llegar al inicio de toda la guerra. El mal y las tragedias humanas, no se habrían producido si un puñado de personas, no hubieran tomado decisiones inadecuadas.

- Nadie sabemos como actuaríamos en caso de catástrofe… - Expresó el joven.

- Es posible – Respondí – Pero eso no es ápice para no sentirnos corresponsables de la historia narrada.

Sus gestos y muecas dejaron de llamarme la atención. Hacía demasiadas horas que nos habíamos enfrascado en una larga conversación sobre sus antepasados y ya no sabía a quién estaba mirando. Su cuerpo estaba comenzando a cambiar… parecía ser más y más viejo de lo que en realidad era.

- Ya me lo dijo mi abuelo… - Apuntó con la voz hundida – Algún día sabrán quién eres… y entonces no tendrás escapatoria…

Lo miré con detenimiento. Sus manos estaban arrugadas y su entrecejo marcado.

- Tú no eres quién dices ser, ¿verdad?

Mi pregunta me sonó algo tonta, al pronunciarla despacio.

- Sí. Soy ese antepasado revivido por el paso de los acontecimientos. Tengo dentro de mí, la pena de la guerra y el llanto de los hombres… pero no me avergüenzo… hace tiempo que sé que esto era inevitable.

Deseé que mi primo, nunca hubiera dejado a Sebas quedarse en la torre. Más, sabiendo quién era.  

Su expresión resultaba ser cada vez más siniestra.

- La maldad no existe. Todo es un invento de los más débiles.

Sus palabras resonaban en mi cabeza.

- Nadie se escapará de la lucha. Nadie…

Dejé de oírle y de mirarle. Su cuerpo era ya más fino que un bambú joven, y su voz más ronca y dura.

- La guerra nos hace crecer. Nos hace fuertes.

Ya no estaba con aquel joven estudiante.

Creo que Jota nunca supo quién era. O tal vez sí.

Hasta pronto.


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2/5/12

“El Amigo de Jota”

Anoche hubo una fiesta. Un grupo de estudiantes celebraron la terminación de sus estudios en la torre. Jota me pidió insistentemente para que fuera:

- Me ha invitado un chico del Oeste. A veces salimos al bosque juntos y analizamos las aves del lugar… es muy agradable, pero…

- ¿Si? – Pregunté sin muchas ganas - ¿Qué problema tiene?

- Creo que… - Jota guardó silencio – Le gusto…

Quise reírme a carcajadas con aquellas ideas, pero me contuve.

- Vale amiga – Le respondí – No veo el problema, la verdad.

Jota me miró muy seria.

- Pues existe, Serena… Existe… No quiero darle pie para que me diga algo que no quiero escuchar.

- Pero – Indagué – Si no te lo ha dicho en vuestras incursiones en el bosque, ¿por qué iba a hacerlo ahora?

- Porque se va… Y según dice no volverá a la torre por muchos años… puede que décadas…

- Pues sí que lo tiene claro – Murmuré.

- ¿Cómo dices? – Jota parecía disgustada.

- No nada – Dije – Que no me apetece ir a la fiesta… Es que llevo unas semanas muy cansada y haciendo muchas entrevistas y…

- Claro… Y no tienes tiempo para una amiga, ¿no es eso? – Preguntó Jota con retintín.

- Me parece que no estás siendo objetiva ni justa – Le dije – No puedes anteponer tus sentimientos y tus deseos para obligarme a hacer algo que no quiero.

- Ya lo sé, Serena… - Respondió – Lo siento, pero es que… creo que no voy a saber decirle que no… y eso me preocupa… más que nada por…

- ¿Mi primo? – Continué la frase que había empezado Jota, mientras levantaba la cabeza de los escritos y apuntes de toda la semana.

- Si… Por Josué.

- Sabes que mi primo es independiente y muy observador. Estoy casi segura de que él ya sabe lo que estás pensando… ¿Por qué no hablas con él? – Le aconsejé.

- No creo que sea buena idea. Ayer tuvimos una especie de discusión… reconozco que fue por una tontería, pero… a mi me afectó.

En ese momento, Rosaura entró en la sala de estudio y se acercó a nosotras.

- Es una alegría veros a las dos aquí – Dijo – Tengo que enseñaros algo.

Sin más, nos animó a que la siguiéramos y eso hicimos.

En medio del patio principal, Josué charlaba poco amigablemente con un chico joven.

- Tengo entendido que ese de ahí es tu primo y tu pareja, ¿no? – Nos dijo, señalándonos a una y a la otra.

Jota se puso pálida.

- Ese es el chico del que te he hablado – Me susurró – Ese es Sebastián…

- ¿Ves? No tienes que preocuparte por nada… - Dije – Mi primo es muy observador…

Nos acercamos veloces a los dos chicos y mientras Jota se llevaba a mi primo, yo pude hablar unos instantes con el amigo de Jota.

- No sé porque los maestros de esta torre, tienen que ser tan sumamente estrictos – Me dijo.

- Josué no es estricto – Le respondí.

El chico pareció extrañarse y tan solo dijo en voz baja:

- Pues conmigo sí… Ya no me voy de la torre.

Con ganas de salir corriendo y contárselo todo a mi amiga, y que me explicara lo que había sucedido, dejé a Sebastián en su habitación junto a su compañero de cuarto.

- Cuida de él – Le dije – Parece que está algo ofuscado…

Anoche hubo una fiesta, sí… Pero no fui. Ni tampoco mi amiga….

Aún no conozco los detalles del desencuentro, pero voy ahora mismo a solucionarlo.

Luego os cuento.



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