6/2/13

“El Silencio de la Nada”


Vuelvo a ser quién era.
Aunque nunca dejé de ser yo…

Mi estado letárgico terminó y una mañana desperté con mucha hambre…

- ¿Huele a pan recién hecho? – pregunté nada más abrir los ojos.

Jota dio un grito de alegría y se abalanzó sobre mi cama:

- Serena – Respiró tranquila- Ya estás aquí.

Después de un largo abrazo, me ayudó a levantarme y a vestirme, ya que después de tantos días inmóvil, no me valía por mí misma.

Fuimos directas al comedor a paso lento, mientras mi amiga me contaba la experiencia de Jeno y de Yese:

- A los pocos días de que sus cuerpos cambiaran, dejaron de hablar y pasaban muchas tardes sentados en uno de los bancos del patio – Jota me agarraba con fuerza, como si pensara que iba a salir corriendo – Hasta que dejaron de moverse de sus habitaciones y de sus camas…

Jota sonreía a cada palabra que salía de su boca.

- Se hicieron ancianos… - Suspiró – Y tú también, ya lo sabes…

Llegamos al comedor.

No había casi nadie, y Jota fue a buscar al cocinero. Antes de irse, me miró y me dijo:

- Serena… Espérame aquí sentada. No tardo nada – Su mano rozó mi hombro y se fue canturreando.

Aquel día estuve comiendo tan solo pan. Era lo único que me apetecía y disfrutaba con cada bocado, como si nunca hubiera aprendido a comer.

El tiempo estaba como estático. Todo parecía estar enlentecido. No solo yo…

Había vuelto a ser joven y sin embargo, no me sentía así…

Ni anciana tampoco.

Sentía un profundo vacío en mi interior, que me confortaba y me hacía estar muy tranquila y feliz.

“Has conocido el silencio de la nada”, creí escuchar en mi cabeza. “Y se ha instalado en tu interior”.

Antes pensaba que aprender de cada experiencia nos hacía evolucionar hacía algún lugar… Hasta que he experimentado ese silencio de la nada. Ahora sé que no existe ese sitio, que no hay una meta a la que llegar… Solo un camino del que aprender.

Las luces de los viajes en el tiempo y el espacio, se han quedado dentro de mí. He estado en otra época, en otro entorno muy distinto a la torre, y he sido yo todo el tiempo…

Tal vez así ocurren las transformaciones.

Hasta luego.

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