19/6/13

“La Caja Misteriosa”

- Era una luz muy tenue la que salía de ella – Me explicó Valentín, aún absorto por la experiencia – Cuando de repente resplandeció y desapareció en mi mano.
Lo que contaba mi amigo no tenía ni pies ni cabeza…
- Pero a ver, Valentín – Quise buscar una explicación más exacta - ¿Me estás diciendo que la caja se esfumó ante tus ojos?
El cocinero asintió con ganas.
- Sí – Hizo una pausa – Y además me dio un fuerte calambre cuando lo hizo…
La magia de ese lugar parecía escapar de mi comprensión…
- Ah no, Serena – Me dijo mi amigo después de leer mis pensamientos – No te equivoques… Esa caja no era de este presente…
Con cara de interrogación, me acerqué a la mesa donde había visto por última vez la caja mágica.
- Desapareció en mi mano te digo – Dijo Valentín con malhumor, al observar que yo estaba palpando la mesa con intriga.
- De acuerdo – Dije con un susurro de voz – Solo quería comprobar una cosa.
Valentín se rió…
- ¿Qué la caja sigue encima de esa mesa, pero que no la vemos?
Valentín se carcajeó, mientras hacía un gesto con su mano, de que estaba loca.
- Tiene que haber una explicación lógica – Le dije – Las cosas no desaparecen así como así… A ver… Recuerda… ¿Qué estabas haciendo cuando ocurrió?
- Tenía la caja en mi mano izquierda – Explicó sin ganas mi amigo – E iba a intentar abrirla por enésima vez.
- ¿Y por qué no me esperaste?
Mis ojos no dejaban de mirar hacia la mesa y hacia la mano de mi amigo.
- Estabas en el restaurante pidiendo la comida… - Dijo a regañadientes - ¿Cómo iba yo a imaginar que después de tantos intentos, pasaría algo tan asombroso?
Moví la cabeza y resoplé llena de fastidio.
- Bueno… Pues la caja era importante – Señalé – Sin ella seguramente no podremos saber que ha sido de Juan.
Una voz más sonora que la de Valentín, inundó la habitación.
- Estás equivocada Serena… La caja regresó al futuro de donde vengo – Dijo Juan mientras salía del pequeño cuarto de baño – Y fue ella, la que me trajo de vuelta.  
Contentos de ver al científico, Valentín y yo nos acercamos a él como si estuviéramos sincronizados.
- Por fin – Dije – Tantos días esperando verte… - Respiré aliviada - ¿De dónde vienes?
Juan se sentó en una de las sillas del comedor, dispuesto a saborear la comida que acababa de traer del bar de abajo.
- ¡Vamos a comer! – Exclamó – Aún hay tiempo para ello.
Asentí sin ganas.
Después del almuerzo, mi amigo y Juan, bajaron al restaurante a por tres pedazos de tarta de chocolate.
- Es la especialidad del chef, ¿verdad? – Dijo contento Juan, mientras palmeaba la espalda del cocinero – Sigo teniendo hambre…
Cuando volvieron, Juan se acostó en el sofá y por ahora, ahí sigue… Descansando…
Yo tengo muchas preguntas sin respuesta, pero estoy más tranquila…
Ver a Juan tan relajado, me anima a pensar que todo está bien, a pesar de las revueltas de las calles.
- Nada es eterno – Dijo – Es momento de descansar.
Os seguiré contando.
Hasta luego.


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