14/8/13

“Huida”

Estoy reticente a sanar. O eso escuché decir a Jota mientras charlaba animadamente con uno de mis cuidadores, como si no estuviera delante.
- Es cabezona. Siempre lo ha sido. Desde niña… - Dijo.
Y fue entonces cuando supe que la Jota de esta realidad, me conocía desde que nací.
- Es una persona muy fuerte, pero terca como ella sola. Creo que le hace falta un buen empujón…
Las palabras de mi supuesta amiga no me ayudaban. Al contrario. Me hacían sentir invisible y más extraña en aquel lugar.
- Nadie la ha visto desde anoche. La búsqueda se está haciendo interminable – Aquellas últimas palabras las escuché encerrada en un armario viejo de uno de los largos pasillos del hospital – Dicen sus amigos que no puede haber ido muy lejos… Y aún así, no damos con ella – Las voces se fueron perdiendo en la lejanía.
Decidí escapar de mi habitación, cuando conseguí una comunicación telepática muy fuerte con Jeno y Lorenzo:
- Hace días que no podemos más. La espiral de tiempo nos está consumiendo… Necesitamos una solución… Tienes que tenerla tú.
Lorenzo seguía con sus ganas de solventar esa situación tan rocambolesca. Sus palabras me sonaban al Lorenzo de otras aventuras, a aquella persona misteriosa y mágica que era.
- Apagaste el televisor y no te localicé en el móvil – Las conversaciones del presente en que me encontraba desde hace semanas, eran del todo variopintas.
- Un correo no es gran cosa para encontrarla, pero si lanzamos correos masivos y lo movemos por las redes sociales, tened por seguro que la paciente aparecerá.
Los cuidadores, trabajadores del centro e incluso alguno de mis llamados amigos, decían esas cosas muy cerca de donde yo estaba. Creo que me metí en el armario del pasillo más transitado de allí. A pesar de que tenía hambre, había aprendido en la torre a manejar mis estados fisiológicos a través de mi mente. Y estaba funcionando. Bueno casi… Menos por la necesidad imperiosa que tenía de ir al cuarto de baño. Litros de un líquido transparente, entraban todos los días y a todas horas, dentro de mí, por medio de una afilada aguja clavada en uno de mis brazos.
- Es curación – Me decía mi primo para intentar convencerme – Tienes que aguantar un poco para poder estar buena. Si te tienen que pinchar es por tu bien.
Por mi bien... Que historias se inventan los de esta realidad. En la torre la sanación es sanación y no dolor añadido… Y si aguantamos algo solemos caer enfermos, ya que vamos en contra de nuestra naturaleza… La Jota de allí lo sabe bien. Es la persona más conocedora de ese mundo que conozco… Y que diferente es la Jota de aquí…
Llevo ya varias horas en la misma posición y no sé cuánto tiempo podré controlar mi cuerpo y mi mente. Por lo menos ya no escucho personas pasar por el pasillo. Espero que Jeno y Lorenzo hayan cumplido con su parte y estén de camino hacía aquí.
Os seguiré contado.
Hasta luego.



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