21/8/13

“Un Cambio Necesario”

Cuando aquellos dos hombres se me acercaron, sentí miedo.
Sus pasos eran firmes e iban bastante rápido.
Creo que dijeron mi nombre: ¡Serena!
El pavor que tenía no me paralizó, y a pesar de todo, comencé a correr por los largos pasillos del centro.
Si me atrapaban no volvería a poder escapar.
- Serena tienes que parar – Escuché decir a una voz joven de hombre – Queremos ayudarte.
Llevaba muchas horas sin dormir y sin comer. Había tenido que salir de mi escondite para ir a un cuarto de baño. Tuve la suerte de que no me crucé con nadie… Tal vez porque era fin de semana y muy de madrugada.
Mis amigos de esa realidad, decidieron dejar la búsqueda en el hospital y centrarse en los alrededores. Seguí escuchándolos desde dentro de mi guarida:
- Serena no es capaz de ir sola a ninguna parte. Siempre fue muy dependiente – Cuando oí aquello, supe que no estaban hablando de mí. Por supuesto que no. Yo siempre quise ver mundo, salir de mi ciudadela y aprender nuevas cosas – Es tímida y muy perezosa…
Mi amiga Jota (aunque de amiga tenía solo el nombre), solía criticar a todo el mundo… aunque fueran personas importantes de su vida. Y sí de los que hablaba no estaban presentes, se explayaba en detalles, muchas veces morbosos.
- Yo creo que fue por el trauma que tuvo de pequeña – Escuché decirle a uno de los cuidadores, antes de salir del armario donde me escondía – Era una pobre mosquita muerta, que siempre se lamentaba por todo…
Ni mis pies ni mis piernas, me respondían, así que pronto aquellos dos hombres me alcanzaron.
- Serena – Dijo el más viejo – No huyas de nosotros. Ya estamos aquí.
Como si estuviera en un largo sueño del que es difícil despertar, esas dos personas dijeron que eran Lorenzo y Jeno.
- ¡No sois vosotros! – Exclamé – Vuestras caras, vuestras voces…
Susurraba cada vez más, pensando que la gente del centro, estaba intentando engañarme.
- Soy Lorenzo, querida – Dijo el Maestro – Nos ha costado mucho encontrarte… - Guardó silencio – Por lo menos tres meses.
Sorprendida ante aquellas palabras, caí rendida al suelo.
Mi mente entonces, naufragó sin remedio, y dejé de pensar y de sentir.
Cuando desperté, lo primero que vi, fueron las luces de mi habitación en la torre.
Las luces y sombras que se formaban en el techo de mi cuarto, eran especiales. Había  colores en la torre tanto de día como de noche.
- Ya estás en casa – Escuché decir a alguien conocido – Relájate y descansa.
Mis ojos se cerraron de nuevo.
Habían sido días muy duros y no podía mantenerme despierta.
- Cuando estés mejor, vendré a hablar contigo.
Como si una gran fuerza me empujara hacía el sueño, mi cuerpo se desvaneció junto con mis pensamientos. Dejé de ser. Dejé de luchar.
Hasta luego.



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