11/9/13

“Espiados”



Tuvimos que irnos del descampado cercano a la torre.

Aquella luz regresó una tarde y Jota se puso corriendo una especie de abrigo de piel de insecto, que había traído con ella.

- El agua nos dará una tregua – Dijo – Pero yo no me mojaré.

Sin miedo alguno, aquella mujer con la cara de mi amiga de la torre, pero con una personalidad completamente opuesta, nos deleitaba con sus grandes pensamientos…

- Un animal es mucho menos que un humano – Nos decía – No sienten dolor y por supuesto no tienen derechos…

La Jota de la torre, habría dejado de hablar con su otro yo, hace muchos días, ya que ella era una gran defensora de la vida natural y de los animales.

Nosotros sin embargo, no podíamos dejar de ser una piña.

- ¿Las luces que viste? – Preguntó Jeno a mi amiga - ¿Eran igual de brillantes?

Parece ser que, no sabemos porque, la luz hizo una visita a nuestra compañera, antes de salir de nuestro improvisado campamento.

- Creo que escuché voces dentro de mi mente – Dijo – Pero no eran más que iracundas idas de cabeza de la falta de nutrientes.

Es verdad que llevábamos muchos días sin alimentarnos adecuadamente. El río cercano apenas nos daba ya peces y los sembrados que teníamos la suerte de visitar, se estaban agotando.

- Cuando te vi la primera vez – Dijo Lorenzo a Jota – Pensé que eras una más… Alguien llena de dudas y de miedos.

Jota sonrió.

- Pero veo que me equivocaba contigo – Puntualizó – Eres una persona con recursos.

Aquella alabanza, nos sirvió para mantener nuestros estómagos llenos unos días y nuestras mentes relajadas, ya que Jota tenía los utensilios necesarios para pescar y hacer ricos pasteles de frutas.

- Es como si supiera que iba a venir aquí – Me susurró Jeno antes de acostarnos – Lleva tantos avíos que parece una excursionista más que una viajera del tiempo.

Asentí, mientras observaba la gran barriga de mi amiga.

- Va a ser madre muy pronto – Dije – Es posible que llevara todo eso por si pasaba algo.

Ni Lorenzo ni Jeno estuvieron de acuerdo en mi afirmación. De hecho, han dejado de fiarse de ella, si es que alguna vez lo hicieron.

- Es mejor que no nos escuche hablar – Expresó Jeno en voz muy baja – Estoy convencido de que nos está espiando.

Como si estuviéramos perseguidos por nuestras ideas, acallamos nuestras voces y comenzamos a reunirnos en silencio y a escondidas, hasta que Jota nos descubrió.

- Nada ni nadie en este mundo, puede hacer que yo no me entere de nada – Afirmó con fuerza – Ahora me vais a contar vuestros planes – Sacó un aparato alargado y brillante de su bolsillo y lo dirigió hacia nosotros – Si no queréis perecer en el intento.

Llevamos toda una semana, con Jota apuntándonos con ese artefacto y obedeciendo sus órdenes. Ni el largo y pesado camino hacía ninguna parte nos consuela. Veremos que ocurre.

Hasta pronto.


votar

No hay comentarios:

Publicar un comentario