9/10/13

“Sobre Mis Pasos”

Regresé a la torre por el mismo camino por el que llegué la primera vez.
Aquella atalaya, me esperaba llena de vida y de sabiduría.
A pesar de las desdichas acaecidas durante los años, mi conciencia era clara.
Allí, en aquel lugar, tendría todo lo que siempre había deseado…
Vida, amor, conocimiento, aventuras…
Aquel rincón del universo, se abría ante mí como si de una hermosa flor se tratara.
La biblioteca, los largos pasillos, el silencio de las noches…
Recapacité en mis dudas y me di cuenta de que ya nada era como lo había deseado.
Desde pequeña, cuando vivía con mis ancianos y desaparecidos padres, en la posada de mi ciudadela, deseaba sentir experiencias nuevas. Quería ser como aquellos viajeros que se quitaban las sandalias y las botas, después de horas de caminatas.
A pesar de todo, la niña que fui nunca me animó a lanzarme al bosque.
Aquel oscuro y mágico lugar, estaba reservado para los más valientes y para los del género masculino… Si eras una niña o una mujer en aquellos lares, pocas cosas podías hacer… más que agachar la cabeza y servir a los que se pensaban más fuertes y poderosos.
Mi espejismo duró muchos días.
La creencia de que estaba siendo manipulada por seres extraños, dejó una profunda huella en mí y en mis amigos.
El nacimiento de los bebés, me atrajo a la realidad con tal fuerza, que me sentí minúscula y herida.
Acurrucada en un rincón de mi habitación, gemía cuando tenía hambre y gritaba si sentía miedo.
Era como un animal acorralado.
Nada ni nadie me hacía salir de mi trance.
Reconozco que todas esas situaciones se iniciaron desde mi interior.
Si yo no hubiera creído tanto en la magia y en la fuerza de los pensamientos, es muy posible que nada de aquello hubiera pasado.
Pero no tenía el suficiente coraje ni la suficiente voluntad, para volver a ser quien era.
Los miedos a no entender mi realidad, me hacían cada día más y más, silenciosa y apagada.
Nunca dejes que la pena se apodere de ti por completo… si lo haces… es difícil que aquellos que desean ayudarte vengan a rescatarte con cuerdas y palas.
Respirar hondo es una buena opción cuando estás perdida y sola.
Si sabes controlar las sensaciones que producen las horas muertas, podrás aprovechar al máximo tus capacidades de recuperación.
Pero por favor… no olvides que los seres y las sombras forman parte de tu vida y de tu muerte.
Comprende que nada es como aparece.
Tal vez (y digo, solo tal vez), si eres capaz de dejar de compadecerte, podrás elevarte por encima de las circunstancias y regresar a la torre como hice yo.
Os deseo lo mejor.
Hasta pronto.



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