25/9/13

“Una Historia Parecida”

Ratones y ratones llenaban las calles de mi ciudad amurallada.
Caminaba descalza sobre el barro frío y me lamentaba cuando nadie me veía, de lo lejos que estaba la magia de mi pobre aldea.
Supe que nada era como aparecía cuando una tarde, paseando sola por la calle principal (haciendo caso omiso de las normas y del recato por ser una chica), observé en el cielo una esfera luminosa a mucha distancia de donde yo estaba.
Nadie más lo vio. Todos (y digo, absolutamente todos), miraban a sus pies y al suelo que pisaban, sin levantar jamás la vista a lo que tenían por encima de sus cabezas.
Aquella noche, me sumergí en mis sueños, recordando la luz tan brillante y extraña. Hasta que me desperté…
La luz (al igual que en mi supuesto sueño compartido), entraba por una de las pequeñas ventanas de mi instancia. Y era más blanca que la nieve de las montañas cercanas.
Aquella experiencia, se borró de mi mente a los pocos días. Mientras tanto (ahora lo recuerdo), viví en una especie de halo mágico, que envolvía mi cuerpo y todo lo que hacía a lo largo de la jornada en la posada.
Mis padres no quisieron creer nada de lo que les conté. No paraban de trabajar en la sombría posada y no hacían mucho caso a la imaginación de su hija.
- Serena, regresa a tus tareas – Decía mi padre con tono suave – Sabes que si no, se te acumulan y luego estás demasiado cansada para nada más.
Porque eso si era cierto, mis padres, deseaban que tuviera una infancia feliz, a pesar de las circunstancias y del duro trabajo, y cada día dedicaban parte de su poco tiempo a jugar o a inventar nuevos platos para la comida del día siguiente, todos juntos.
Aquella luz vino a mi mente, justo la noche después del sueño compartido. Mis recuerdos me avisaron de que no era la primera vez que tenía un contacto de aquel tipo.
Aún no sabía que había ocurrido, pero por lo menos recordaba la luz y la sensación de calma inmensa que recorrió mi cuerpo desde que lo experimenté.
El Maestro Lorenzo no deja de hablar de su sueño. A pesar de que me dijo que no lo contara ni a Jeno, él no se ha aplicado el consejo.
Las noches, las pasa cerca de mí, diciéndome que espera que esa noche volvamos a soñar lo mismo, y nos despeje las dudas de lo que está pasando.
Yo tampoco sé lo que está pasando, pero sí sé que necesito ver a la verdadera Jota y a todos mis amigos de la torre. Jeno está más apagado que nunca. Tal vez porque se ha dado cuenta de la complicidad que hay entre el maestro y yo. No lo sé…
Espero desvelar esta noche el misterio, ya que hemos decidido contárselo a Jeno sin que la Jota que nos tiene presos, se entere.
Creo que lo conseguiremos, porque cuando Jota duerme (a pesar de su avanzado embarazo), después de no haber pegado ojo en dos noches, no hay nada ni nadie que la despierte. Bueno… por lo menos eso le pasaba a la Jota que yo conozco.
Voy a ver a Jeno.
Hasta luego.



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18/9/13

“Sueño Compartido”

Esta noche he tenido un sueño muy real.
Estaba en una gran habitación, rodeada de camas  muy bajas y de personas en ellas durmiendo.
Me he despertado dentro del sueño, porque una gran luz blanca (muy blanca), ha entrado por el balcón que había al fondo del cuarto.
Entonces me he levantado y al acercarme a mirar, me he sentido paralizada. Un ser alto, con la cara triangular y de color grisáceo me miraba desde el otro lado.
Al principio he tenido miedo, pero poco a poco se me ha ido pasando.
Lo siguiente que recuerdo es que, a pesar de estar la puerta del balcón cerrada, el ser se sentaba a los pies de mi cama, donde ya estaba yo desde no sé cuánto tiempo.
Al despertar he mirado a todas partes, sintiendo aún que estaba en mi sueño, hasta que he visto la figura del anciano Lorenzo, que preparaba el desayuno.
- No has dejado de gritar y de hablar en toda la noche – Me ha dicho el Maestro - ¿Has tenido pesadillas?
Le he explicado mi sueño real y su cara de tranquilidad se ha ido tornando en preocupación.
- No se lo cuentes a nadie más – Me ha dicho – Jota no se puede enterar de tal experiencia.
Hablando en voz muy baja, me ha dicho que lo que me ha pasado, es posible que no haya sido un sueño.
- Cuando fui a donde estaba la torre – Ha comenzado a decirme – Tuve una especie de desvanecimiento. No recordaba nada de lo que me había pasado, hasta hace un par de noches, que soñé lo mismo que tú has soñado hoy.
Convencida de que la casualidad no existe, me di cuenta de lo extraño de aquel fenómeno.
- A Jeno tampoco hay que decirle nada – Ha puntualizado – Ya que Jota tiene oídos en todas partes.
He asentido pero no me he quedado conforme.
Deseo contarle a mi amigo mi sueño lúcido. Necesito compartirlo con él y saber su opinión.
Hemos pasado por muchas aventuras juntos y sé que barajaría todas las hipótesis acerca de mis recuerdos de la noche.
- Hay que analizar el por qué tú y el maestro habéis tenido el mismo sueño – Me diría – Y si es por algo que comisteis o por algún motivo más extraño.
Sin embargo, estoy haciéndole caso al anciano… Por lo menos hasta que consiga despistar a mi supuesta amiga.
Jota sigue apuntándonos con aquel artilugio y a veces, se va sola al descampado cercano, en el lugar donde estaba el patio de la torre.
No sé cuándo podremos irnos de aquí. Espero que pronto, ya que la Jota de verdad me preocupa. No sabemos donde están ni mi primo, ni ella ni todas las personas que habitaban la torre antes de desaparecer.
Seguiré investigando el sueño.
Hasta luego.



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11/9/13

“Espiados”



Tuvimos que irnos del descampado cercano a la torre.

Aquella luz regresó una tarde y Jota se puso corriendo una especie de abrigo de piel de insecto, que había traído con ella.

- El agua nos dará una tregua – Dijo – Pero yo no me mojaré.

Sin miedo alguno, aquella mujer con la cara de mi amiga de la torre, pero con una personalidad completamente opuesta, nos deleitaba con sus grandes pensamientos…

- Un animal es mucho menos que un humano – Nos decía – No sienten dolor y por supuesto no tienen derechos…

La Jota de la torre, habría dejado de hablar con su otro yo, hace muchos días, ya que ella era una gran defensora de la vida natural y de los animales.

Nosotros sin embargo, no podíamos dejar de ser una piña.

- ¿Las luces que viste? – Preguntó Jeno a mi amiga - ¿Eran igual de brillantes?

Parece ser que, no sabemos porque, la luz hizo una visita a nuestra compañera, antes de salir de nuestro improvisado campamento.

- Creo que escuché voces dentro de mi mente – Dijo – Pero no eran más que iracundas idas de cabeza de la falta de nutrientes.

Es verdad que llevábamos muchos días sin alimentarnos adecuadamente. El río cercano apenas nos daba ya peces y los sembrados que teníamos la suerte de visitar, se estaban agotando.

- Cuando te vi la primera vez – Dijo Lorenzo a Jota – Pensé que eras una más… Alguien llena de dudas y de miedos.

Jota sonrió.

- Pero veo que me equivocaba contigo – Puntualizó – Eres una persona con recursos.

Aquella alabanza, nos sirvió para mantener nuestros estómagos llenos unos días y nuestras mentes relajadas, ya que Jota tenía los utensilios necesarios para pescar y hacer ricos pasteles de frutas.

- Es como si supiera que iba a venir aquí – Me susurró Jeno antes de acostarnos – Lleva tantos avíos que parece una excursionista más que una viajera del tiempo.

Asentí, mientras observaba la gran barriga de mi amiga.

- Va a ser madre muy pronto – Dije – Es posible que llevara todo eso por si pasaba algo.

Ni Lorenzo ni Jeno estuvieron de acuerdo en mi afirmación. De hecho, han dejado de fiarse de ella, si es que alguna vez lo hicieron.

- Es mejor que no nos escuche hablar – Expresó Jeno en voz muy baja – Estoy convencido de que nos está espiando.

Como si estuviéramos perseguidos por nuestras ideas, acallamos nuestras voces y comenzamos a reunirnos en silencio y a escondidas, hasta que Jota nos descubrió.

- Nada ni nadie en este mundo, puede hacer que yo no me entere de nada – Afirmó con fuerza – Ahora me vais a contar vuestros planes – Sacó un aparato alargado y brillante de su bolsillo y lo dirigió hacia nosotros – Si no queréis perecer en el intento.

Llevamos toda una semana, con Jota apuntándonos con ese artefacto y obedeciendo sus órdenes. Ni el largo y pesado camino hacía ninguna parte nos consuela. Veremos que ocurre.

Hasta pronto.


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4/9/13

“Seres Extraños”

- Una y otra vez se repetían los acontecimientos… Cada mañana era la misma mañana…

Así me contaba Jeno como la torre, había dejado de tener cabida en el tiempo y el espacio.

- Cuándo creíamos que nada podía ser peor, una tromba de seres grises, aterrizó en el patio central, diciendo que no éramos los elegidos.

Cuando escuché aquello la primera vez, pensé que mi querido amigo se había vuelto igual de orate que yo cuando estaba en la realidad pasada.

- Seres grises, altos y muy belicosos – Dijo Lorenzo, afirmando las palabras del joven maestro – Por eso muchos de los habitantes de la torre, que aún no se habían ido de aquí, cogieron las pocas cosas que les quedaban, y huyeron despavoridos.

Yo siempre había leído en los legajos de la gran biblioteca, que antiguamente, algunas personas de lugares supuestamente poco avanzados, habían conocido a seres de otros mundos, seres que solo los querían para hacer experimentos.

Aquellas hipótesis nunca fueron demostradas. Por lo menos, no en mi realidad.

Pero, allí estaban dos de las personas en las que más confiaba, mirándome a los ojos y contándome con detalle, sus encuentros con seres extraños.

- En el momento que decidimos desaparecer, uno de ellos, nos acompañó a la sala blanca del primer piso.

Jeno interrumpió al Maestro, para continuar él con la narración:

- Dijo que nos comprendía y que él no era como el resto de sus congéneres… Que deseaba ayudarnos.

Mis ojos estaban cada vez más abiertos… Y los de la Jota del pasado, más aún.

- Pero dejad de decir tonterías – Expresó sin remordimientos – Sois una panda de locos… Quién me mandaría a mí ser tan curiosa y seguiros…

Aquello que dijo mi supuesta amiga, lo pensábamos todos los presentes (que seguíamos siendo Lorenzo, Jeno y yo). Muchas veces en el día, nos recordaba el porqué no nos gustaba esa Jota de la realidad que me tuvo secuestrada.

- Chalados – Decía con desprecio – Me gustaría que el doctor del hospital os viera ahora…

Susurraba todo el rato, con un chascarrillo a todas horas, entre los dientes:

- Cuando vuelva lo contaré y llevaré pruebas de lo locos que estáis…

Sin la torre y viviendo en un desolado descampado, los nervios estaban a flor de piel.

- La luz brillante desapareció y nos dejó en la más completa oscuridad – Gritaba mi mejor amiga de la otra realidad – Si por lo menos hubieran tenido la decencia los supuestos seres grises, de darnos algo de comer…

Aquella inmensa luz que nos recibió el primer día, nos dejó solos a las pocas horas.

Creo que Lorenzo pudo contactar de nuevo con los seres extraños, pero cuando regresó de su aparente encuentro, no nos dijo nada.

- Era un relámpago – Dijo sin pestañear – Nada de lo que tener miedo.

Jota se carcajeó y disfrutó por varias horas de llevar la razón.

- La calma que precede a la tormenta – Cantaba cada pocos minutos – Os lo dije… Os lo dije…

Aún estamos esperando que una chispa de vida regrese a donde estamos. Sin la torre, sin la gran luz y sin nuestros amigos, no creo que podamos sobrevivir mucho tiempo aquí sin movernos.

Hasta luego.
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